Reino Unido. Sistema electoral mayoritario.

Entradas, Vicente Serrano

Cuando escribí el ensayo sobre el sistema electoral español pretendí un análisis aséptico, numérico, estadístico. La realidad es que al final has de entrar a valorar las pretensiones de quien lo diseñó o incluso de las ingenuidades ¿o no? de quien colaboraron a su implementación. No es que partiera de una supuesta bondad de los constituyentes. La realidad es que la ley electoral es el resultado del pacto constituyente del 78 y tal como afirma Rodrigo Vázquez de Prada tanto la Transición como la Constitución del 78 son el resultado de “la correlación de fuerzas realmente existente en un momento históricamente determinado y a que, al final del franquismo, la disyuntiva principal no era ni Dictadura o República ni Dictadura o Socialismo, sino Dictadura o Democracia”

Es evidente que hoy el momento histórico es diferente y que la correlación de fuerzas actual ha cambiado; hoy si podemos plantearnos la disyuntivas de forma actualizada. Los cambios en la sociedad española durante estos 40 años así lo aconsejan. El problema, como siempre, es discernir y priorizar cuales son las disyuntivas más urgentes, más prioritarias; a la par de cuales son las más asumibles por una mayoría  social.

Tres son los ejes que en un momento u otro he remarcado en mis escritos como ejes que precisamos afrontar:

  1. Reparto de la riqueza y justicia social
  2. Organización del estado
  3. Reforma del sistema electoral

Es cierto que el punto 3 podría estar perfectamente integrado en la reforma del estado si la concebimos como algo más que una reforma territorial o de tipo de estado: Monarquía o República. Pero dada su importancia para el concepto de igualdad social y política de los ciudadanos lo trato en un punto aparte. Y es de este punto del que hoy quiero hablar aprovechando los resultados electorales de Reino Unido y comparando con el sistema que tenemos en España.

A los puntos 1 y 2 he dedicado muchos textos y seguramente deberé dedicarle muchos más. La intervención de Pablo Iglesias Turrión en la reciente moción de censura abrió claroscuros sobre lo que la izquierda actual española propone al respecto de estos puntos y merece un escrito más sosegado y distante en el tiempo.

Pero ¿Qué votamos?

El tiempo que llevo presentado mi ensayo me ha permitido entablar múltiples conversaciones sobre lo que los ciudadanos perciben del sistema electoral y se podría decir que la percepción va más allá de lo que se puede explicar técnicamente. En España solo realizamos un tipo de votación, independiente de si son Generales, Autonómicas, Locales o Europeas, siempre elegimos el poder legislativo. Sin embargo todo el mundo vota en clave de elección del ejecutivo, del gobierno. Existe una conciencia superficial de esa designación delegada. También pervive la creencia de que el primero de la lista de Madrid es el candidato a presidente de Gobierno.

Son llamativas las fuertes críticas a Puigdemont por no ser un presidente elegido por el pueblo ya que iba en cuarta posición en la lista por Gerona en las últimas elecciones autonómicas catalanas. La realidad es que en ningún lugar dice quien es candidato a presidente, salvo en el caso de las elecciones locales en las que especifica que el primero de cada lista es el candidato a ocupar la alcaldía (LOREG, art.197) Ciertamente por su singularidad las elecciones locales tienen mucho de elección de gobierno ya que en el poder local no esta establecida la separación entre legislativo y ejecutivo, el pleno tiene como función el control del gobierno municipal y sus funciones legislativas son mínimas.

A la par de esta falsa idea de elección de gobierno se ha instalado una lógica perversa, derivada de la necesidad de los gobiernos de mayoría simple para aprobar los presupuestos, la “compra” del voto del diputado de Nueva Canarias y de los votos del PNV para los presupuestos generales de este año, a cambio de prebendas para sus autonomías, generan malestar y rechazo entre ciudadanos de otras latitudes. La apuesta de reforzar un sistema mayoritario les hace pensar que esto evitaría estas prácticas. La realidad es que en un sistema mayoritario se podrían dar igualmente e incluso con más frecuencia. Un sistema mayoritario garantiza la presencia de formaciones con presencia muy concentrada territorialmente. Es decir los partidos nacionalistas o regionalistas se beneficiarían aun más que en la situación actual. Confundir el sistema electoral con las normas de funcionamiento del Congreso, por ejemplo en el sistema de aprobación de presupuestos es una simpleza que alimenta ciertas propuestas “mayoritarias”.

Las elecciones de Reino Unido

El sistema electoral británico es mayoritario. El parlamento tiene 650 escaños, aunque esta previsto reducirlo a 600, y hay tantas circunscripciones electorales uninominales como escaños. En cada circunscripción se elige a un diputado en una sola votación. El candidato que más votos tiene, independiente del porcentaje de votos, sin mínimo, es elegido.

La realidad es que todo el mundo asume que es un sistema mayoritario y sus defensores argumentan que da estabilidad gubernamental. Y eso es verdad, es indiscutible. Otra cosa es que refleje la voluntad de los ciudadanos. En puridad, si los ciudadanos están contentos con dicho sistema y no genera quejas, se podría decir que esta socialmente aceptado. El problema es el nivel de conciencia de esa realidad que el ciudadano tiene y eso es algo subjetivo. ¡Sarna con gusto no pica, pero mortifica!.

Lo principal que se puede decir de un sistema electoral es que sirve para configurar el poder y que generalmente se adapta a las necesidades de las clases hegemónicas en la sociedad. Esto sirve para España y para el Reino Unido. Otra cosa es que analicemos el sistema en si y valoremos sus aciertos y defectos desde un punto de vista de representatividad y/o analicemos los procesos históricos y sociales que han devenido en considerar dicho sistema como socialmente aceptable. En ello no estaremos muy alejados de los análisis que nos permiten ver todo el sistema social y económico de cualquier sociedad.

En el cuadro de datos anterior tenemos los resultados electorales de las elecciones recientes en el Reino Unido. Con fondo azul los datos objetivos votos y porcentaje de votos. En fondo amarillo la distribución de escaños según el sistema oficial británico: las circunscripciones uninominales y con fondo verde la distribución de escaños si se hiciera con un sistema de circunscripción única como el que propongo.

A primera vista ya podemos constatar que el Partido Conservador esta sobre-representado con 39 escaños; mientras el partido laborista mantendría la misma representación. También podemos observar que los partidos que concentran sus votos territorialmente se benefician, incluso más que el primer partido. El Índice de Poder de Voto de un votante del Partido Nacional Escocés es de 1,77 frente al 1,01 de un laborista. También están sobre-representados los de Sinn Féin y los del Plaid Cimru. La mayor sobre representación se da en una candidata independiente que consigue su escaño en una circunscripción con poco más de 16.000 votos.

Pero lo más llamativo es como partidos como el Liberal Demócrata con más de 2 millones de votos tan solo obtiene 12 diputados. Ciertamente obtiene una sexta parte de votos de los que consigue el Partido Conservador y en cambio el sistema solo le asigna 1/26 escaños respecto a  los conservadores y 1/21 de los laboristas; el Índice de Poder de Voto de sus seguidores es de 0,25. Todo un agravio democrático. Puede que no le tenga uno simpatía al UKIP pero que con casi 600.000 votos no tenga ningún diputado no parece muy democrático. La situación del partido verde en situación similar, un solo escaño, no es muy halagüeña. Los partidos “Socialdemócrata y Laborista” y “Unionista del Ulster” ambos casi duplicando el coste medio por escaño (49.000 votos) se quedan sin representación.

La anterior gráfica nos permite ver la distorsión del sistema británico (granate) frente a la voluntad de los ciudadanos (azul) y por otro la fidelidad del sistema de circunscripción única (amarillo) a la citada voluntad popular.

Interesante revisar los resultados en Escocia. El Partido Nacional Escocés sigue perdiendo votos pero sin embargo se beneficia del sistema; de los 59 diputados de Escocia se lleva 35, un 59,32%  con tan solo un 28,61% del voto, a nivel escoces (ver porcentaje de votos y escaños sobre todo R.U.). El partido laborista es el gran perjudicado que su representación queda disminuida a menos de la mitad de lo que le corresponde por votos.

Lo más grave es que estamos mirando los resultados de forma global, sin prácticamente matizaciones. Lo primero es ser consciente de que el Partido Conservador obtiene 318 escaños en 318 circunscripciones y que los votos que obtuvo en las 332 circunscripciones restantes no le valieron para nada. El IPV de esos votantes fue 0 patatero. Igual que el de las 388 circunscripciones donde los laboristas tuvieron votos pero no sacaron diputado. Podríamos concluir que más de la mitad de los que votaron su voto no tuvo ningún valor, no obtuvo representación, su Índice de Poder de Voto fue 0. Con un estudio más detallado y por distritos esto se confirmaría y nos llevaríamos la sorpresa de que la mayoría de los diputados son elegidos por menos votos de la media general (49.000 votos). Con un sistema de Circunscripción Única tan solo 7 escaños costarían menos de esa media, los asignados por restos.

El sistema electoral de circunscripciones uninominales a una o dos vueltas (francés, que habrá que analizar en breve, ¡amenazo!) es un sistema mayoritario que genera un bipartidismo sólido con un partido mayoritario sobre-representado y unos partidos de corte nacionalista aun más sobre-representados y unos partidos de tamaño medio infra-representados o incluso excluidos.

Los cantos de sirena en España cuando se habla de reforma electoral tienden a querer arrastranos hacia estos derroteros vendiendo las bondades del voto directo a la persona. Pero tras esa mascara se esconde un sistema mayoritario puro que impide que la voz de todos sea escuchada mientras a otros se les sobredimensiona injustamente.

¡Ojo al parche!

Vicente Serrano

Presidente de Alternativa Ciudadana Progresista

Autor de “El valor real del voto”, editorial El Viejo Topo. 2016

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