Repensando Cataluña. Resultado electoral.

Entradas, Vicente Serrano

Con 74 diputados, más de la mitad, en el Parlament (54,81%) y con un apoyo de tan solo poco más de un cuarto del censo electoral (25,77%), el nacional-secesionismo pretende llevarnos de nuevo al precipicio de la secesión.

No pretendo en este artículo entrar a debatir quien ganó las autonómicas, ya lo hice el pasado 15 de febrero: es más mi interés en entrar a diseccionar –no es la primera y supongo que no será la última– el sistema electoral de Cataluña.

Si en 2017 la participación fue la más alta de toda la serie histórica, la de 2021 ha sido la más baja, si descontamos referéndum varios, legales e ilegales, y europeas. Ver Cuadro 1.

Nunca el secesionismo/independentismo había tenido menos apoyos en unas elecciones autonómicas. Y, a la vez, nunca había tenido una mayoría absoluta como esta. Entender por qué, estando más débil que nunca, gana las elecciones, no es fácil. Evidentemente, no todo se resuelve echando la culpa al sistema electoral; pues, si el secesionismo está de capa caída, podemos decir que el constitucionalismo ni siquiera existe como tal.

El resultado de estas elecciones es la conjugación de un sistema electoral tramposo con una apatía social patológica. En otros artículos ya hemos analizado las causas y culpas de esta desidia.

Entendamos de nuevo cómo funciona el sistema electoral catalán. Lo primero es que no existe: en Cataluña no hay ley electoral propia, a pesar de tener competencia para ello. Nada nos impide tener ley electoral propia; pero parece que la española ya les va bien, a los que despotrican contra España.

Eso, junto una asignación desproporcionada de diputados a las provincias de Lérida, Gerona y Tarragona, acaba de determinar el pecado original de la democracia catalana.

Veamos:

La asignación de diputados a las provincias no es proporcional a su censo, lo que genera la primera y más importante distorsión democrática. Antes de votar, ya hay diferencias entre los ciudadanos de Barcelona respecto al resto. Imaginen: si la media por diputado, a nivel de Cataluña, es 41.660 ciudadanos, a Lérida le corresponderían 8, a Gerona 13, a Tarragona 14 y a Barcelona 101. ¡Así de simple! Se hace con una simple división. Pero la realidad es que las provincias pequeñas están sobre-representadas, y cuanto más pequeñas, más (ver Cuadro 2). El resultado es una discriminación negativa de los barceloneses: conseguir un diputado en Barcelona es 2,35 veces más costoso que en Lérida (41.358 en Barcelona, frente a los 21.020 de Lérida). El problema es que, tras votar, esa diferencia aumenta, aunque el coste se reduce: los 8.837 votos que cuesta un diputado por Lérida se han de multiplicar ahora por 2,70 para conseguirlo en Barcelona (23.896 votos)

Paradójicamente, las provincias donde menos cuesta un diputado son las que tienen mayor porcentaje de votantes sin representación: Sobre-representados territorialmente, e infra-representados a nivel popular (ver columnas marrón claro del cuadro 2).

Lérida, la provincia donde menos valor tiene un diputado, tiene el porcentaje más alto de votantes sin representación (16,45%). En el conjunto de Cataluña, el 6% de los votos emitidos validamente no sirven para nada, su Índice de Poder de Voto (IPV) es igual a cero. El IPV de un ilerdense es 2,7 veces el de un barcelonés.

El IPV nos mide el poder de cada elector a la hora de votar. Y este es distinto antes y después de votar, y también distinto según en qué provincia vote y según a qué partido vote en esa provincia.

─Entendemos que el IPV de cualquier catalán ha de ser 1. Hay dos formas de calcular el IPV:

  • Si son 135 los diputados a elegir y 5.624.076 electores, dividir diputados/electores nos dará un cociente, ese es el valor del voto de cualquier ciudadano de Cataluña. Pero para poder compararlo con otros hemos de igualarlo a 1, para lo que hemos de dividirlo por si mismo. Si calculamos el resto de cocientes para cada provincia y lo dividimos por el cociente general nos dará el IPV de cada provincia.
  • Otra fórmula es dividir el Coste Medio por Diputado (CMD) del conjunto (Cataluña) por el CMD de cada provincia.

Esto se puede hacer con valores previos a la votación y posteriores─

 

En el gráfico 2 podemos observar cómo el IPV de los barceloneses respecto a cualquier otra provincia sigue siendo muy bajo aunque se revaloriza ligeramente, mientras el resto de catalanes revalorizan su IPV considerablemente, hasta el 120% en el caso de los ilerdenses. El IPV de un ilerdense es 2,7 veces el de un barcelonés.

Asignación de diputados por candidaturas.

Seguimos viéndolo en el conjunto de Cataluña sin entrar todavía en el meollo provincial.

Ciertamente los escaños se reparten provincialmente, pero los ciudadanos lo vemos en conjunto y se supone que nos representan a todos por igual. Lo cierto es que la distorsión provincial –la veremos detenidamente más adelante– genera una distorsión de conjunto importante.

Si calculamos la media de votos por escaño de cada candidatura obtendremos el gráfico 3, en el que se puede observar que no todos los diputados valen lo mismo. Los más caros, los del PP, 36.484 votos por cada uno de los 3 escaños; les siguen los 6 de C’s, a 26.434 votos cada uno, seguido muy de cerca por ECP, con un coste de 24.418 votos por cada uno de sus 8 diputados. La CUP mantiene unos costes (21.103) cercanos a la media general (21.060 votos), mientras que PSC, VOX, JxCat y ERC sitúan sus costes por escaño por debajo de la media de Cataluña. Son 109 escaños por debajo de la media general, el 81% del Parlament. Y serán los 65 escaños más baratos (JxCat + ERC) los que formarán govern en Cataluña.

El gráfico 3 nos ofrece más información interesante: el PdCat, con 77.229 votos, no tiene representación, y multiplica prácticamente por 4 el coste medio por escaño en Cataluña. No parece este sistema electoral muy justo; de Recortes Cero y de MPIC hablaremos cuando estudiemos la propuesta de sistema alternativo de reparto.

Sin abandonar el gráfico 3 podemos ver que el porcentaje de votos recibidos por las candidaturas es dispar con el porcentaje de escaños en el Parlament. Los grandes beneficiados, como siempre, ERC y JxCat; cierto que también se benefician PSC y VOX pero en menor medida; el resto de partidos o candidaturas salen claramente perjudicados, excepto la CUP, que obtiene una representación, paradójicamente, acorde a los votos obtenidos.

Hemos añadido una tercera línea, en color fucsia, informando del IPV de los votantes de los partidos si lo contemplamos en el conjunto de Cataluña. Se constata que, a menor coste por diputado, hay un IPV más alto. La aparente sobre-representación de PSC y VOX queda compensada por un IPV cercano a 1.

La Circunscripción Única.

Si pretendemos un sistema que sea fiel reflejo de la voluntad popular (es decir, una en la que el porcentaje de votos y el porcentaje de escaños por candidatura sean casi iguales, sin dejar a nadie fuera que tenga al menos votos suficientes, en torno a la media general), deberíamos apostar por una circunscripción única y eliminar el mínimo del 3% que margina indebidamente a fuerzas con suficiente apoyo. Además, podríamos replantearnos el uso de la Ley D’Hontd para realizar la asignación de escaños.

Veamos en el gráfico 4 la comparativa entre un sistema y otro.

La asignación resultante la tenemos en la fila “Diputados” (en rojo) ─más adelante veremos cómo se asignan─; a la izquierda, están los escaños asignados por el sistema actual; y, a la derecha, los que asignaríamos con el método “Hare” (Circunscripción Única, sin mínimo y con Hare). Se repiten los costes medios del sistema actual (columna color ciruela) y debajo los costes medios con el propuesto (columna color azul pálido).

Lo primero que podemos ver es que entran tres nuevas candidaturas en el Parlament; lo segundo es que los costes medios se sitúan en una franja muy cercana al coste medio general: 21.060 votos. Gráficamente, es muy evidente. Solo estarían por debajo del coste medio 25 diputados: 8 de C’s, 11 de VOX, los 4 del PdCat, 1 de R0 y 1 MPIC. Aparentemente 25 escaños costarían menos que la media, pero en realidad son solo 6, ya que 129 escaños costarían exactamente la media y el resto se asigna a los restos mayores (ver más abajo, cuadro de datos 3). Se puede argüir que 6.000 votos para asignar un escaño son muy pocos; esperemos al análisis provincial.

Por otro lado, si observamos de nuevo el gráfico 4 veremos unas líneas que indican los porcentajes, la verde muestra el porcentaje de votos de cada candidatura respecto al total de votos validos, la azul el porcentaje de diputados respecto a total del Parlament con el sistema de reparto actual, y la roja el mismo porcentaje pero haciendo el reparto en circunscripción única, sin mínimos y por el método Hare.

Se puede observar que la línea verde (votos) y la roja (Hare) prácticamente se solapan y se distancian mínimamente en los dos últimos escaños asignados. Es un sistema que garantizará un reparto de proporcionalidad casi pura entre la voluntad ciudadana y la asignación parlamentaria. Sobre los problemas que algunos achacan a un sistema proporcional como fuente de inestabilidad de los ejecutivos, indicar que es algo que tiene que ver con cómo se constituyen los ejecutivos y que no cabe en este artículo, pero que, en todo caso, he desarrollado en otros escritos.

Repartiendo escaños.

Nuestro actual sistema electoral se basa en circunscripciones provinciales, asignado un número de escaños a cada provincia, y, como decíamos antes, sobre-representando a las que tienen menos habitantes.

El reparto de escaños, tras los resultados electorales, se hace en cada provincia, eliminando primero las candidaturas que no tienen un mínimo del 3% de los votos válidos ─esto solo afecta en el caso de Cataluña a la provincia de Barcelona, es decir, a las grandes metrópolis─, y después se reparten los escaños usando la llamada “ley D’hontd”, método por el que se van dividiendo los resultados de todas las candidaturas (>3%) por 1, 2, 3 y así sucesivamente. A los cocientes más altos se asignan escaño, hasta cubrirlos todos.

El sistema que propongo no es nuevo: en los Países Bajos se usa la Circunscripción Única con características muy particulares y Alemania tiene un sistema de doble urna, en una de las cuales se elige en circunscripción única la mitad del total de los escaños de la Cámara Baja. (Los problemas de distorsión sobre esa proporcionalidad que creaba la elección en la otra urna, y en circunscripciones uninominales, de la otra mitad del parlamento, los solventó finalmente su Tribunal Constitucional con una fórmula que asegure la voluntad expresada en la primera urna, aunque tiene algunos elementos distorsionantes que se mantienen, como es exigir el 5% de mínimo para acceder a escaño y el uso de un sistema de reparto similar al D’Hondt.)

¿Y cómo se asignan los escaños en una circunscripción única, y cómo es el método Hare?

La circunscripción única indica que todos los escaños se reparten en una sola bolsa, independiente de que se arbitren maneras para acercar los diputados a los ciudadanos y que podamos desbloquear las listas con el objetivo de que sean los votantes los que ordenen las listas y elijan dentro de su candidatura a quienes les ofrecen más confianza.

El método Hare es un sistema bien conocido en España en las elecciones sindicales; también se llama “proporcional y a resto mayor”. En realidad, Hare y D’Hontd son dos sistemas de reparto proporcional: ambos son válidos, pero crean efectos contrarios y, paradójicamente, a mi entender se utilizan mal en España, ya que el método Hare es ideal para demos grandes y el D’Hontd para pequeños. Pero, como todo, eso exige más espacio explicativo.

Veamos, pues, cómo repartimos los escaños. En el cuadro 3 veremos todos los datos y cálculos resultado de una sencilla hoja de Excel. En azul claro los datos de los resultados de las elecciones.

Los datos del sistema actual nos vienen dados por la web del Parlament y entendemos que se ha aplicado correctamente el método D’Hontd en los repartos provinciales: columnas en amarillo. Además, les aseguro que es mucho más farragoso de explicar y entender dicho método que el que ahora desarrollaré.

 

 

 

 

 

Método Hare.

  • Paso 1.- Calculamos la Media por Diputado de toda Cataluña, es decir, hallamos el valor entero del Total de Votos Válidos dividido por el total de escaños del Parlament (135):

MDCat = Entero (TVV / 135) = 21062

El dato está en el cuadro 3 destacado en color turquesa.

  • Paso 2.- Hallamos el valor entero del Total de Votos de cada Candidatura y lo dividimos por la Media antes calculada y obtendremos la primera asignación de Diputados de Asignación Directa por Candidatura:

Entero (TVC / MDCat) = DADC

Primera columna verde del cuadro 3

La suma de los escaños asignados siempre será inferior al total a asignar. Se calcula el total asignado y los pendientes, ver abajo de la primera columna verde.

  • Paso 3.- Esta división genera unos restos en cada candidatura; en caso que la asignación de diputados sea cero, los restos serán el total de votos recibidos. Se calculan los restos restando, al total de votos de cada candidatura, los utilizados en la primera asignación. Segunda columna verde.
  • Paso 4.- Se asigna 1 diputado a las candidaturas con los restos mayores, hasta completar los escaños pendientes (Tercera columna verde). Se suman los datos de las dos asignaciones y ya tenemos los diputados por candidatura, con un Parlament que refleja fielmente la voluntad de los que han participado en las elecciones. La asignación final la podemos ver en la cuarta columna verde.

Es lícito plantearse establecer un mínimo, siempre que no produzca injusticias como la comentada con el PdCat. Y podría entenderse que quien no obtiene al menos la Media por Diputado, o un porcentaje de la misma, no pueda acceder a escaño. Pero eso nos hace replantearnos si este sistema actual es justo cuando permite que más de la mitad del Parlament se obtenga por votos por debajo de la citada media.

Un sistema de reparto justo que puede entender cualquier ciudadano con estudios primarios y que se puede reflejar en una simple hoja de Excel. Transparencia y equidad.

El reparto provincial de los escaños con el sistema actual, los costes reales y el verdadero Índice de Poder de Voto, en función de dónde votas y a quién votas.

Poner la lupa en la asignación provincial nos hará llevarnos alguna sorpresa. La visión de conjunto nos permitía una perspectiva “homogénea”: no es que los datos fueran homogéneos, que no lo son, pero eso nos permitía compararlo con un sistema de reparto en Circunscripción Única.

Lo cierto es que el reparto de escaños se hace en la provincia y los costes medios varían entre provincias y entre candidaturas. El número de escaños a repartir es determinante: cuantos menos escaños a repartir hay, menos proporcional es el reparto. En el gráfico 5 tenemos el resultado del reparto y sus consecuencias. La primera cosa que detectamos es que el coste medio por diputado es distinto para cada candidatura dentro de una provincia. Al ordenar el gráfico por costes medios, de mayor a menor, encontramos agrupados en el primer grupo a todas las candidaturas de Barcelona, y sus costes medios se disparan respecto al reparto en conjunto de Cataluña que dibujábamos al principio, excepto para el PP, que baja de los 36.484 a los 28.755. Esto es debido a que en Lérida, Gerona y Tarragona no saca ningún escaño, pero esos votos los contabilizamos cuando el cálculo era del conjunto de Cataluña. La casuística puede ser variada pero no aleatoria.

Todos los diputados elegidos por la provincia de Barcelona tienen un coste medio superior al coste medio general (21.062) El resto de diputados, todos, está por debajo de esa cifra. Cuando hacíamos los cálculos de Cataluña en conjunto decíamos que 109 escaños estaban por debajo; ahora podemos afirmar que son menos, tan solo 50. Otra paradoja con causa: que los 16 escaños de JxCat y los 19 de ERC bajen desde los 23.800 y 22.800, respectivamente, a los 17.800 y 18.300 que vemos en el gráfico 3. Eso solo es posible por unos costes por escaño bajísimos en las otras tres provincias, especialmente Lérida.

En el cálculo directo son solo 50 escaños por debajo de la media, pero sus valores son mucho mas bajos y el coste medio de esos 50 escaños es 12.350 votos. Mientras el coste medio de los 85 escaños de Barcelona es de 23.896 votos… casi el doble. En lo real, tenemos en cada extremo los 3 diputados del PP de Barcelona, por 28.755 cada uno, frente a los 3 diputados del PSC de Lérida, por 8.038 votos por cabeza.

Las candidaturas de Lérida, agrupadas en las columnas de la derecha, de color anaranjado, con valores entre 8.000 y 9.000 votos de media por diputado, excepto la CUP. Las candidaturas de Gerona y Tarragona se intercalan en los puestos centrales al tener un censo parecido.

A la derecha, las columnas de color canela nos abofetean indicándonos la existencia de candidaturas con más votos que alguna de las últimas ─que obtienen varios escaños por muy pocos votos─ y que han quedado fuera por el sistema electoral actual. Que el PdCat, con sus más de 53.000 votos, no llegue al 3% y quede sin representación parece una burla a la ciudadanía, cuando un escaño en Barcelona cuesta la media de 23.896 votos y el último asignado en Lérida 8.038.

El Índice de Poder de Voto es inversamente proporcional al coste medio, como puede observarse, y solo al salir de Barcelona repunta sobre el 1, hasta el 2.62 del PSC de Lérida. De la sobre-representación ilerdense (2,62) al cero patatero (0,00) del PdCat/BCN, PP/TREN, ECP/GRN, R0/BCN, C’s/GRN y PdCat/TREN… todos con más votos que la media del PSC/LRD.

Solo nos queda observar la “sobre” o “infra” representación por candidatura/provincia.

El gráfico 6, dividido en dos para facilitar la visión de las candidaturas con un porcentaje de votos inferior al 15%, está ordenado de más a menos porcentaje de votos y de izquierda a derecha. La línea azul representa el porcentaje real de votos obtenidos por candidatura en su provincia y la línea fucsia la representación obtenida en el Parlament respecto a los escaños de la provincia. Entre ambas líneas, o por encima o debajo, el porcentaje de pérdida o ganancia que le asigna el sistema.

A simple vista podemos decir que los que obtienen más votos se benefician, mientras los que tienen pocos salen perjudicados. Es un efecto de la Ley D’Hontd a nivel provincial, pero no es igual en todas las provincias. Podemos decir que en Barcelona los beneficios son menores.

Los grandes beneficiarios: JxCat en Gerona y Lérida y ERC en Lérida, seguidos por PSC en Lérida y de nuevo ERC en Tarragona. Los beneficios en la provincia de Barcelona son siempre menores para todos. Los perjuicios peores son para PdCat de Lérida y PP de Gerona, seguidos de ECP y C’s de Gerona. Todos ellos superan ampliamente el 3% en sus respectivos territorios y son excluidos por ser necesario un porcentaje más alto de votos para obtener escaño ─VOX necesita superar el 5,53% para obtener su escaño por Lérida (8.876 votos), el 6,15% para el de Gerona (16.953 votos), y ECP el 4,92 para el suyo de Tarragona (13.687 votos). Mientras, en Barcelona, El PdCat, con 53.378 votos, no supera ese 3% y se queda en un 2,51%─ No parece muy justo ese mínimo del 3% que solo discrimina a los ciudadanos de las grandes urbes.

Siempre afirmé que ese mínimo pretende debilitar las posiciones progresistas, más habituales en las grandes ciudades; dicen que la excepción confirma la regla, tal que así parece dado que el PdCat, de progresista, tiene poco.

Concluyendo.

Es evidente que, con un sistema de reparto en Circunscripción Única como el que propongo, el Secesionismo habría obtenido igualmente una mayoría absoluta con 70 escaños (ver Gráfico 7). Pero ese respaldo, con una abstención de, prácticamente, la mitad de los ciudadanos de Cataluña con derecho a voto, deslegitima esa victoria ─que yo entiendo, como decía en mi primer artículo de valoración de las elecciones, un fracaso y un punto de inflexión en el Procés─.

El abstencionismo tiene múltiples causas y el más interesado en él siempre ha sido el nacional-secesionismo; si en 2017 pareció desaparecer el llamado “abstencionismo diferencial”, por el que los “no nacionalistas” no votaban en las elecciones autonómicas, en estas de 2021 parece haber retornado reforzado, cargado de apatía y cansancio por el largo y extenuante Procés y por el desencanto con la clase política en general y, especialmente, con los autodenominados “partidos constitucionalistas”, que parecen haber abandonado a su suerte a los catalanes. Si ese año 2017 hubiéramos dispuesto de un sistema electoral como el que propongo, el secesionismo –mal llamado independentismo– no habría tenido mayoría absoluta y hoy no estaríamos en estas.

Siempre he pensado que ese abstencionismo tiene causas que van más allá del mal llamado constitucionalismo, y que tienen que ver con la derrota intelectual de la izquierda y su sometimiento a los proyectos disgregadores y el ensalzamiento de la diferencia, olvidando la reivindicación clave de la izquierda: la IGUALDAD.

Algunos transitamos hace tiempo por el camino de construir una alternativa de izquierdas comprometida con la igualdad y la justicia social y que, con el discurso de la fraternidad y denunciando lo insolidario, derechón, xenófobo, neo-feudal y totalitario del nacionalismo, le plante cara a éste.

En mi artículo sobre el impresentable Hasél advertía del declive de dos proyectos que estaban programados para sustituir al PP y al PSOE, y ahora ambos están, por decirlo suavemente, en el taller de reparación. Tal vez es el momento de construir con menos egolatría un proyecto por la izquierda. A veces, en la historia, hay que insistir hasta que las condiciones socio-políticas se den y abran ese camino. Del fracaso siempre se aprende.

¡Esperemos!

Y…… ¡VIVA LA PEPA!

Nou Barris, Barcelona. Viernes, 19 de marzo de 2021

Vicente Serrano.

Miembro de Alternativa Ciudadana Progresista.

Autor de EL VALOR rEAL DEL VOTO. Editorial El Viejo Topo.

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